Grecia eterna…

Quiero conocer Grecia… ¿Por qué? Pues la mejor respuesta sería: ¿por qué no? Siempre me ha parecido un país curioso, con una historia brutal a sus espaldas. Filósofos, líderes militares, mitos, guerras, y una arquitectura que, para mí, es de las más elegantes y limpias que puede tener un país.

Desde siempre he sentido curiosidad por la filosofía y la mitología griega. Poder ver de cerca los lugares donde surgieron estas ideas y aprender más sobre su historia es algo que me encantaría. Estoy seguro de que en cada rincón de Grecia puedes encontrar un pedazo del pasado que construyó este país: conquistas, revoluciones democráticas, los primeros Juegos Olímpicos…

En resumen, Grecia es un lugar que cualquiera con un mínimo interés por la historia disfrutaría. Y si hablamos de filosofía, qué decir: Tales de Mileto, Heráclito, Pitágoras, Sócrates, Diógenes… Pensadores cuyos planteamientos siguen teniendo peso hoy en día.

Pero bueno, basta del pasado y hablemos del presente. Grecia está llena de lugares turísticos como Atenas, Salónica u Olimpia. Y precisamente de Atenas quiero hablar, más concretamente del barrio de Exarcheia.

Lo que más me llama la atención de este lugar es su carácter único. Aunque sea un “barrio” de Atenas, se considera a sí mismo una ciudad libre, sin un sistema político que los rija de forma tradicional; en otras palabras, es un barrio anarquista. En Exarcheia tuvo lugar la Revuelta de la Politécnica de Atenas, el 14 de noviembre de 1973, una manifestación masiva contra la dictadura de la Junta de los Coroneles.

Además, allí se encuentran la Universidad Técnica Nacional de Atenas y el Museo Arqueológico Nacional. En resumen, creo que Grecia es un país donde, vayas donde vayas, vas a aprender y disfrutar. Aunque, siendo sincero, el sitio que más ilusión me haría visitar es el barrio de Exarcheia. Y al final, creo que eso es lo que más me atrae de Grecia: que mezcla historia, ideas, cultura y vida real en un solo lugar. No es solo visitarlo, es sentirlo. Y ojalá algún día pueda perderme por sus calles, aprender de su gente y vivir en persona todo eso que ahora solo imagino.

¿Por qué los jóvenes cada vez fuman más?

Una de las preguntas que muchos se hacen hoy en día es: ¿por qué vemos a más jóvenes fumando, y además a edades cada vez más tempranas? La cuestión es compleja y admite muchas respuestas. ¿Es por la presión social? ¿Por el estrés al que están expuestos? ¿Por el aumento de prohibiciones que, paradójicamente, despiertan más curiosidad?

En mi caso, empecé a fumar por presión social. Con el tiempo, ese gesto se convirtió en un hábito: después de comer, al tomar una cerveza, al salir del trabajo… Al final, fumar pasó de ser un acto aislado a una rutina que acompañaba momentos cotidianos.

Creo que muchos jóvenes empiezan igual: por encajar o por no quedarse fuera del grupo. Pero poco a poco, el cigarrillo se transforma en una válvula de escape. Tras un mal día, una discusión con los padres, un examen suspendido… La nicotina ofrece una falsa sensación de alivio y relajación. El cerebro asocia cada calada con un descanso momentáneo, con una especie de pausa en medio del ruido del día a día.

Problemas como la ansiedad y la depresión, cada vez más presentes en los jóvenes, refuerzan esta dependencia. El cigarro se convierte en esa desconexión instantánea, como si el mundo se detuviera por un segundo y solo quedaras tú… y el humo.

Sin embargo, no podemos olvidar que fumar es un hábito dañino y, en muchos casos, mortal. Limitarlo con prohibiciones en terrazas o espacios públicos no es suficiente. La raíz del problema está en otro lado: en la salud mental de los adolescentes, en el estrés social y en la falta de alternativas reales para gestionar la presión.

Somos la generación del futuro y, al mismo tiempo, la que más cambios sociales está experimentando. Si queremos ser referentes para los que vienen detrás, necesitamos abrir el debate, cuidar más de nuestra salud mental y ofrecer nuevas formas de afrontar la vida sin tener que refugiarnos en el humo de un cigarrillo.